Se me pidió escribir algo, breve me aclararon, sobre nuestro paso por la escuela, en referencia a los 25 años de Egresados.
Y uno se pone a pensar, y dice: ¡¡¡Pah, 25 años!!! un cuarto de siglo ¿Cómo puede ser si fue ayer que faltó Zenobi y que Lamela nos aburría con sus tediosas clases de Dibujo Técnico.
¿Cómo puede ser que ya hayan pasado 25 años desde que el Gordo Vilas se quebró la clavícula jugando al fútbol en una quinta de Maschwitz mientras nosotros tirábamos de su brazo tratando de “ponerle el hombro en su lugar”?
Pensar que cuando en el fútbol vas ganando 1 a 0 y faltan 20 minutos (Sí, 20 minutos) es una eternidad, la hora no pasa más y cuando a las tantas, volvés a mirar el reloj, faltan 19.
Y ahora nos dicen que pasaron 25 A Ñ O S, estamos todos locos.
Si cuando nos vemos estamos todos iguales, bueno con algunas canas (Los que tienen suerte de poder tener pelo), algunos achaques y los hijos que tienen casi la misma edad que teníamos, allá por el 81, pero igualitos, con esas caras de chiquitos ansiosos por contarnos cosas y reírnos de cualquier pavada. Si hasta nos reta la Jefa de Preceptores, y nosotros, adolescentes, obvio, pedimos disculpas y “rajamos” muertos de risa (si nos vieran nuestros hijos ó nuestros empleados).
¡¡Pucha, 25 años!! que se lo cuenten a otro, a mí no.
Yo todavía estoy esperando el 47 para que me lleve en un viaje hasta Virgilio 1980 y al bajar verlos a todos en la puerta, no me jodan, si ahí están Luis Colletti, Huguito Menna, Jorge Calderón y todos los chicos y chicas esperándome para la rateada más colosal de nuestra vida, la que nos lleve a esa edad que nunca perdimos y que nos hace gloriosos e inmortales.
Carlos A. Antúnez
martes, 19 de diciembre de 2006
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